El miedo fue lo primero. Naima se levantó bruscamente, como si se hubiese electrocutado o encontrado una araña subiendo por su ropa. Su reflejo seguía en el espejo, con sus ojos en un blanco pristino. Se dió cuenta que efectivamente podía ver de manera normal pero le aterró ver su rostro de esa manera.
Cerró los párpados con todas sus fuerzas.
Una paz absoluta fue lo segundo. El cuarto seguía siendo el cuarto, pero todo se había teñido de un dorado tenue, como si la luz cambiara de sustancia o alguien activara un filtro de película. Las sombras no eran negras, sino resplandores densos, y el aire era agua, fuego y tierra todo a la vez.
Naima notó que no respiraba. Entonces los vio.
Alrededor del espejo, contra las paredes, incluso flotando a medio metro del suelo: figuras envueltas en túnicas blancas, sin edad, con rostros que parecían hechos de la misma luz dorada que bañaba la sala. No eran fantasmas, ni dioses, ni ángeles. Eran maestros, y su presencia no admitía discusión.
Algunos la miraban con cierta ternura, otros, la examinaban con miradas serenas. Uno extendió la mano hacia el espejo, donde aún se veía a si misma. Otro se acercó y tocó ligeramente su frente, luego su pecho y finalmente sus hombros.
El gesto del primero encendió un símbolo en el vidrio: tres círculos que se tocaban en el centro a través de líneas, brillando como metal al rojo vivo. Sintió en su frente el ir y venir de sensaciones de amor y bienestar.
Los maestros no hablaban, pero al ver el símbolo una certeza se instaló en su mente como un recuerdo imposible de olvidar.
El dorado del cuarto se intensificó gradualmente hasta volverse insoportable. Naima cerró otra vez sus ojos.
Cuando los abrió, estaba sola. El cuarto había recuperado su aspecto normal, la vela estaba casi apagada, el paquete vacío de cigarrillos, el espejo con bordes de metal, la noche y los sonidos de los insectos afuera. En el espejo el símbolo de los tres círculos aún ardía, y al verlo entendió lo importante de su misión.
Todo lo que había experimentado era real, y ya nada volvería a ser lo mismo.
Naima
11 de Enero 2025