El Salón Dorado

El miedo fue lo primero. Naima se levantó bruscamente como si se hubiese electrocutado, o como si hubiese encontrado una araña subiendo por su falda. Su persona sin embargo seguía sentada frente al espejo, con los ojos en blanco.

“Yo soy ella”

Una paz absoluta fue lo segundo. Todo en la habitación se había teñido de un color dorado muy cálido y de hermosos colores, colores que no existen en la tierra, y un amor omniabarcante penetró todo su ser y se sintió a sí misma como una bola de luz, pero a la vez, parte de un supertodo hecho sólo de amor.

Alrededor del espejo aparecieron figuras envueltas en hermosas túnicas de un color tan blanco que apenas se podían mirar, parecían no tener edad, y sus rostros estaban hechos de la misma luz dorada que bañaba la sala.

Algunos la miraban con cierta ternura, otros, la examinaban con miradas serenas y estoicas, pero siempre amorosas. Uno extendió la mano hacia el espejo y éste comenzo a brillar aún más. Otro se acercó a Naima y tocó ligeramente su frente, luego su pecho y finalmente sus hombros, ella sentía que no tenía un cuerpo, pero sabía dentro de ella que a la vez lo tenía.

En el espejo apareció una especie de símbolo: tres círculos que se tocaban en el centro a través de líneas, brillando como metal al rojo vivo. Sintió en su frente el ir y venir de sensaciones de amor y bienestar, el símbolo era tan bello que era imposible alejar la mirada de él.

Al verlo una certeza se instaló en la mente de Naima como un recuerdo imposible de olvidar.

“¿Por qué yo? – No lo entiendo, yo no soy nadie”

“No, por favor, me quiero quedar ¿Puedo quedarme?”

Naima entendió racionalmente que ese no era su lugar, al menos no todavía, pero aún así no quería irse. El amor y la paz de ese lugar, la sensación de libertad, la ausencia de dolor o miedo y lo hermoso de todo lo que acontecía a su alrededor la hacían sentir que ese era su hogar, no la tierra, no esa bola de tierra y fuego con muerte y dolor.

“¿Y si me escapo?” – “Si salgo de acá volando…”

“¿De verdad creo que puedo engañar a estos seres? ¡Que clase de persona soy!”

Ella sabía que leían su mente, pero las figuras la observaran con amor, como una madre mira a su hijo cuando éste hace una travesura inocente.

“Está bien”

El color dorado del cuarto se intensificó gradualmente hasta volverse un ultra blanco. Naima viajó a través del espacio y el tiempo y vio galaxias, hoyos negros, supernovas, estrellas y sectores vacíos de enormes tamaños, extrañamente esto era lo que más la llamaba y sintió nuevamente que ese era su verdadero hogar.

Luego llegó a la tierra y vio que la tierra tenía colores que brillaban y que había fuego subiendo en columnas, también habían almas subiendo hacia el espacio, pero muchas otras se quedaban y esa fue la primera vez que sintió pena, pero no de ella misma, sino de los seres que la guiaban en esta experiencia, si así podía llamarse lo que estaba pasando.

“¡Ayuden a los que no pueden salir! – Ustedes pueden hacerlo.”

Pero las figuras estaban tristes. Esas personas elegían no subir, nada se podía hacer por los que deciden quedarse por voluntad propia, ellos no podían intervenir.

Naima sintió que consolaba a sus guías, y le dio risa pensar el hecho de que ella, una simple mortal estaba consolando a estos seres trascendentales, pero fue un acto natural, ya que en ese estado ella era parte del todo, estaba conectada con ellos y con todo lo demás.

Era tiempo de partir, y se vio viajando por un túnel, pero esta vez todo era más lento. Al final había un círculo blanco pequeño que poco a poco se agrandaba lanzando tenues destellos de luz, y fue ahí que sintió manos y brazos salir de la oscuridad del túnel intentando arrastrarla, algunos débilmente pero otros con más fuerza.

“Por favor ayúdenme, no me dejen sola, por favor, se los suplico, ayúdenme”

Cuando abrió sus ojos, estaba sola y su cuerpo estaba tiritando de frío. El cuarto había recuperado su aspecto normal y sólo existía la noche y los sonidos de los insectos afuera. En el espejo el símbolo de los tres círculos ya no estaba, los guías y todo lo demás habían desaparecido.

Nada de eso importaba, sabía que todo había sido real, sabía cual era su misión y que ya nada volvería a ser lo mismo.

Naima
11 de Enero 2025