Linkedin es un museo muerto
No sé qué es lo que tiene Linkedin de especial, pero el contenido que veo a diario ahí, como publicaciones, noticias, cursos, etc, aumenta mi cortisol a niveles altísimos. Hay algo en particular con Linkedin que lo hace más odioso en comparación con otras redes sociales.
Quizás el problema es que una red social de trabajo es una contradicción en sí misma. Una red social es un lugar de esparcimiento, de interacción, de distracción, opuesto a lo que uno debería hacer cuando está concentrado trabajando. Entonces es una red que promueve el trabajo, que deberías usar mientras no estás en el trabajo, ya que si la usas mientras estás en el trabajo, no estás trabajando.
Puede ser que siendo la red laboral más consolidada, todo aquel que pertenece a ella busque ganar dinero y presentarse en el mercado como la mejor opción. Sin embargo, no tengo dudas de que prácticamente nadie está en Linkedin por gusto, te registras por obligación.
Expertos que son novatos, líderes sin gente a cargo, programadores vibecoders, búsqueda de trabajo desesperada camuflada de emprendimiento, Linkedin como diario de vida, selfies en reuniones o conferencias, funas o quejas a empresas, felicitaciones insípidas por logros irrelevantes.
Cuando alguien busca figurar en Linkedin, pienso que siempre está tratando de venderme algo. Podría ser que su publicación sea incluso una ayuda, pero esa ayuda siempre tiene algo a cambio, no es realmente solidaria: es por un like, un comentario, un compartir, una suscripción, una venta.
¿Qué es Linkedin entonces en realidad? Linkedin es un museo muerto, es un lugar donde hay movimiento pero poca vida, donde hay clones profesionales perfectamente vestidos que han aprendido a presentarse como objetos laborales.
Este post se compartirá en Linkedin, como una pieza más del museo.